Por Stephanie Henaro Canales
Irán va ganando la guerra y esto significa una cosa: Estados Unidos lo subestimó, y creyó que su debilidad económica era la antesala de su rendición.
Washington vio inflación y protestas implacables por una población golpeada por el costo de la vida, y concluyó que Teherán no se atrevería a usar el instrumento más delicado que tiene en sus manos: el Estrecho de Ormuz. Pero se equivocó. Porque Irán, al parecer, tenía claro que en una guerra asimétrica, no siempre gana quien tiene más poder de fuego, sino quien sabe dónde está la arteria del sistema.
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