Por Stephanie Henaro Canales
Donald Trump le contó a Dios sus planes y éste se rió. En febrero de este año, le dijo que acabaría con Irán y que el estrecho de Ormuz se llamaría el “estrecho Trump”. Pero fuera de eso, la geografía le está dando una lección tremenda que hasta lo mandó pedirle a Zelensky que deje de atacar las refinerías rusas.
Porque mientras Washington apostaba por debilitar militarmente a Irán, Teherán le demostró que la geografía puede servir para compensar cualquier inferioridad militar, y que no sólo puede influir sobre el destino del estrecho de Ormuz, sino que también sobre lo que ocurre en Bab el-Mandeb, la puerta de entrada al mar Rojo, por cortesía de sus aliados hutíes.
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