Por Thelma Elena Pérez Álvarez*
Una de las frases expresadas por Claudia Sheinbaum en el Grito de Independencia que, por su propio peso, requiere más que intentar persuadir el ánimo de celebración, es “¡Viva la justicia!”.
El grito de independencia es una estrategia de comunicación política y una puesta en escena. El discurso, el tono de voz de la presidenta, el balcón de Palacio Nacional, la multitud en el Zócalo Capitalino, la bandera, la campana y las imágenes transmitidas en cadena nacional constituyen una representación sobre lo que el Poder Ejecutivo determina como lo visible, lo decible y lo afectivamente disponible.
Por más que se vincule con entretenimiento y espectáculo, hay que recordar que la comunicación política tiene la responsabilidad de informar sobre la complejidad de los sucesos del país y las decisiones institucionales. Cuando se utilizan conceptos como justicia, es deseable que, al menos, los significantes se contrasten con parte de la realidad y con la experiencia cotidiana de quienes experimentan las consecuencias de las decisiones que toman quienes están en las instituciones.
Justo ahí radica la importancia de mencionar a la justicia, porque la justicia no tendría que reducirse a un espectáculo. Pero, si insisten en utilizarla como estrategia discursiva para una puesta en escena, como mínimo, hay que hacer notar sus contradicciones.
Por ejemplo, reconocer dos crisis complejas, como son la relacionada con los feminicidios y la de personas desaparecidas, las cuales evidencian la urgencia de que los y las responsables de la toma de decisiones en las instituciones garanticen el respeto a los derechos de quienes padecen sus consecuencias.
De acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre enero y julio de 2026, se han registrado al menos 382 feminicidios en México. Cifra que se incrementa a 420 casos hasta el 17 de septiembre.
En esta complejidad, importa recordar, al menos, los casos mediáticos más recientes, como las estudiantes víctimas de feminicidio que, desde abril de 2025 hasta septiembre de 2026, se registran de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Aylin Rodríguez Fernández, Kimberly Joselín Ramos Beltrán, Karol Toledo Gómez, Michelle Itzayana Fuentes Calderón y Claudia Tacoronte Aguilera, asesinada el 12 de septiembre, tres días antes de la arenga.
Igualmente, a Karla Margarita Pérez Jiménez, alumna de la Facultad de Medicina de la Universidad Cuauhtémoc y practicante en el Hospital General de Zapopan, localizada sin vida el 17 de septiembre. A estas jóvenes estudiantes, las y los encargados de la toma de decisiones en las instituciones, no les proporcionaron la seguridad necesaria para regresar a sus hogares con vida tras cumplir sus actividades académicas y laborales.
Reducir la noción de justicia a una categoría discursiva en el contexto del discurso presidencial también implica el reconocimiento de los datos presentados en el Informe Nacional de Personas Desaparecidas de Red Lupa. Hasta el 16 de mayo de 2026, documentó un acumulado de 134,257 personas desaparecidas y no localizadas. Las madres y familias que buscan a estas personas continúan haciendo el trabajo que las instituciones se niegan a llevar a cabo; además, deberán constatar la efectividad de las diez acciones para fortalecer la Estrategia Nacional de Búsqueda, las cuales fueron presentadas el 28 de agosto. Esto ocurre mientras se continúa esperando la identificación, la investigación, la verdad y la reparación.
Para expresar “¡Viva la justicia!” sin que la afirmación resuene dolorosa e indignante, es imprescindible que se establezcan las condiciones institucionales adecuadas para que la justicia suceda. Esto implica garantizar la seguridad, erradicar la impunidad y evitar que la justicia se convierta en un espectáculo.
*Thelma Elena Pérez Álvarez es docente en comunicación digital, publicidad y marketing en universidades de España y México. Trabaja activamente para que el Estado mexicano garantice el derecho humano a la alfabetización mediática e informacional.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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