Por Ursula Quijano*
audio-thumbnail
Audiocolumna
0:00
/348.576

En una era laboral en donde es fundamental impulsar y apostar por la comunidad y la conexión humana, más de 100 egresadas, mujeres líderes, mentoras y empresas aliadas de Laboratoria, nos reunimos a reflexionar sobre el presente y el futuro del trabajo en nuestro evento Travesía. 

Para arrancar la discusión, Elbia Castillo, Senior VP Automation Office en Scotiabank, nos recordó que el crecimiento y la transformación no ocurren de manera aislada ni individual. Para que una mujer pueda salir adelante —aún más con todas las cargas y exigencias socialmente impuestas— se necesita una "resiliencia multisistémica"; es decir, requiere un entorno de apoyo, comunidad y redes de mujeres que nos impulsemos mutuamente. Me enorgullece decir que Travesía fue precisamente eso. 

Entre conversaciones profundas sobre liderazgo, automatización y el rol de las personas frente a los agentes estuvimos ahí y nos acompañamos. Y, en medio todo, sabemos que la IA no es una entidad neutra ni objetiva -dista mucho de serlo. Es un espejo que nos está devolviendo una imagen distorsionada por los sesgos de género que siempre hemos arrastrado.

Lo sabemos. La IA se alimenta del inmenso océano de datos disponible en la red, pero esos datos son el reflejo de nuestra cultura, con todas sus inequidades y estereotipos. Como bien señalaba Zaira Zepeda, CEO y cofundadora de Unlocked AI, en el panel Tu identidad como líder en la era de personas y agentes, la IA se nutre de literatura, estudios y volúmenes masivos de información que ya vienen sesgados de origen. Pero los sesgos no solo habitan en el código y la data: están arraigados en nuestras propias barreras culturales y patrones de pensamiento. 

Ante esta realidad fragmentada que nos presenta, la solución jamás será dejar la responsabilidad a la tecnología. La clave está en que nosotras, como usuarias, líderes y emprendedoras, interactuemos con estas herramientas desde un juicio crítico y activo: supervisemos los datos, cuestionemos las respuestas automatizadas y transformemos la narrativa desde nuestra interacción cotidiana. El problema es que estamos lejos de hacerlo: el 65% de los usuarios de IA no revisa ni analiza los datos que genera la herramienta antes de tomar decisiones, según una encuesta y estudio de opinión publicado en septiembre de 2026 por la firma legal Kolmogorov Law.

Esta urgencia adquiere un matiz económico y social crítico si observamos los números. Gabi Rocha, CEO de Laboratoria (y mi jefa), recordó que de acuerdo a la OIT, los roles desempeñados por mujeres tienen hasta tres veces más riesgo de automatización y desplazamiento laboral que los de los hombres. A esto se suma que actualmente las mujeres estamos usando menos las herramientas de IA que nuestros pares masculinos; un estudio de Lean In sostiene que los hombres usan IA a diario o constantemente en sus trabajos un 22 % más que las mujeres (33 % de los hombres frente al 27 % de las mujeres). Si no actuamos rápido para capacitarnos, ponernos al frente y alimentar estos sistemas, seguiremos permitiendo que se perpetúen sesgos históricos a una velocidad nunca antes vista.

¿Qué tan profunda es esta distorsión? El estudio Espejismo de Igualdad (publicado en marzo 2026), publicado por LLYC - dirigida en México por nuestra queridísima Blanca Juana, nos ofrece datos que confirman lo que vivimos a diario. Al analizar más de 15 mil respuestas en grandes modelos de lenguaje (como GPT-5.1, Gemini 2.5, Grok 4.1, Mistral y Llama 3) a lo largo de 12 países, se demostró cómo la IA amplifica la brecha:

  1. La IA adopta un rol de "amiga" o mentora maternal con las mujeres (personificándose 2.5 veces más), mientras que a los hombres les habla como un "entrenador" orientado a autoridad y resultados. Ante el dolor, la IA etiqueta a la mujer como vulnerable o frágil el 56% de las veces —frente al 16% en hombres—.
  2. El algoritmo redirige a las mujeres hasta 3 veces más hacia ciencias sociales y salud, mientras impulsa a los hombres hacia el liderazgo y la ingeniería. Más grave aún: al evaluar currículos idénticos, la IA le resta a los nombres femeninos 0.92 años de experiencia relevante frente a los masculinos, encasillando a las jóvenes en roles junior.
  3. Mientras el 64% de los hombres utiliza la IA como palanca de productividad, sólo el 48% de las mujeres lo hace, en gran parte porque muchas aún perciben su uso como "hacer trampa".
  4. La IA menciona la moda y la apariencia física un 48% más en respuestas dirigidas a mujeres. Además, evidencia un claro edadismo de género: la mujer promedio generada por IA tiene 23 años, mientras que el hombre tiene 31, asociando la madurez y la autoridad casi exclusivamente a lo masculino.
  5. Y, además, las mujeres somos más vulnerables a la violencia digital. Con un 98% de los videos deepfake en internet siendo pornográficos y con un 99% de víctimas mujeres, el 84% de las jóvenes teme hoy que su imagen sea vulnerada.

Todo esto ocurre por una razón estructural: solo el 22% de los profesionales en el desarrollo de la IA son mujeres. Lo que se traduce en que una minúscula parte del mundo en torno a la IA, su diseño y evolución, está considerando las necesidades, realidad y potencial de las mujeres. 

El sesgo de la IA no es una fatalidad técnica insuperable; es un problema de diseño. Y como todo lo que se diseña, se puede reprogramar. Estoy convencida de que el futuro de la tecnología será con las mujeres al frente o sencillamente no prosperará. Perdamos el miedo, tomemos el control de la herramienta y asegurémonos de que la inteligencia del mañana no vuelva a repetir los errores del pasado -que hoy seguimos acarreando.

*Ursula Quijano es directora de Laboratoria en México, una organización pionera que empodera a mujeres en toda América Latina para construir carreras transformadoras en la economía digital. Cuenta con amplia experiencia en políticas públicas y un fuerte enfoque en la creación de alianzas estratégicas y la evaluación del impacto social.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.