Por Yessica de Lamadrid

Ni la hegemonía es total, ni la derrota es definitiva  

Durante meses, el país ha operado bajo una narrativa cómoda: el poder ya cambió de manos y, esta vez, llegó para quedarse.

La llegada de Claudia Sheinbaum consolidó algo más que una victoria electoral. Consolidó una idea: la de un régimen con capacidad de rediseñar las reglas del juego sin contrapesos reales. Pero la política —cuando se observa de cerca— rara vez es tan lineal, y menos en México. Porque, mientras el poder se expande hacia arriba, empieza a fracturarse hacia adentro y a ser desafiado desde abajo.

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