Por Yohali Reséndiz
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Tú sabes que algo no está bien. Lo supiste desde antes del golpe, del empujón, del grito que cruzó una línea invisible. Lo sentiste en el cuerpo cuando su puño tocó y entró a tu estómago y el miedo que experimentas cuando escuchas los pasos que vienen hacia a ti. 

Tú lo sabes, cuando revisas tu teléfono, cuando calculas cómo decir algo sin provocar otra explosión y aún con todas esas alarmas encendidas, no hablas.

Porque hablar cuesta. Porque ya en palabras es brutal. Porque decir “me violentan” es aceptar que tu amor con él…no era amor y que tu hogar no es refugio sino peligro y que ahora estar a salvo es estar afuera. 

Ya sabes a dónde ir, sabes qué hacer, conoces el número, el protocolo, debes denunciar y exigir… pero algo te detiene. Siempre algo te detiene….

Hace unas semanas, Caterina Marino decidió hablar. Lo hizo después de haber sido brutalmente golpeada por su entonces pareja dentro de su propio departamento. Contó en un video cómo fue inmovilizada, golpeada con el puño cerrado, cómo pensó que no saldría viva y cómo huyó corriendo para salvarse. 

Y sí, tuvo que hablar, decirlo sin adornos. Sin eufemismos. Con el cuerpo aún marcado para que se viralizara. Para que la autoridad le creyera. 

Y mira, hablar no la volvió invencible sino visible. Y eso, para muchas y muchos, da más miedo que el silencio.

Si, sí. Hablar te expone y claro que alguien dudará de lo que les cuentes. Sí, también quizá te obliguen a repetirlo una y otra vez. Sí, quizá te cuestionen y hasta te convenzan de que eso no se le hace a quien “te ama”. 

Sí, ya sé que las preguntas que no te dejan tranquila son las que todo el día te revolotean en la cabeza: 

¿Por qué no te has ido? ¿Por qué regresas? ¿Por qué no hablas? Hablar implica cargar con la culpa que nunca debe ser tuya.

Y aún así, leelo bien, hablar salva.

No es una consigna bonita. Es una verdad incómoda. 

Hablar con una amiga puede ser el primer hilo del que te jales para salir. ¿Tienes amigas? Si no las tienes, escríbeme: periodismoatodaprueba@gmail.com yo te escucho, yo te arropo. 

No tengas miedo. 

Sé que piensas: “Me está lastimando”. “No sé qué hacer”, pero si sigues callando solo normalizas la violencia, no la detienes. Si no hablas, ahí seguirás años y no romperás el ciclo.

Sí, ya sé que a las mujeres nos enseñaron a aguantar. A minimizar lo que nos hacen y dicen. A explicar lo que no tiene explicación. A proteger al agresor, al vínculo, a la familia, al “qué dirán”. Nos enseñaron a ser fuertes cuando la verdadera fortaleza está en decir: ¡Basta!.

Hablar no es fácil ni imposible. Primero te escucharás torpe, desordenada, todas las escenas en cascada, entre lágrimas. No tiene que ser claro lo que cuentes. El silencio es el mejor aliado de la violencia.

Si hoy te miras al espejo y sabes que algo no está bien, no esperes a las palabras correctas. Di lo que puedas. Como puedas. A quien puedas. Hablar no te dará justicia inmediata, pero te devuelve algo esencial: seguirás viva.

Y eso, aunque nadie te lo haya dicho antes, ya es un acto de valentía radical. Habla. No te calles.

✍🏻
@yohaliresendiz

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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