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Por Adela Navarro Bello

La frase “yo no tengo ninguna obligación personal de ser austero”, que dijo hace unos días el polémico legislador ahora de Morena (se afilió en febrero de 2025), Gerardo Fernández Noroña resume casi perfectamente la ideología del partido en el poder: sus integrantes, hoy prominentes potentados de la clase política, viven en la opulencia que da la nómina oficial, el presupuesto, el cargo y la administración pública, al tiempo que la austeridad proclamada es para los gobernados, para el pueblo, para el beneficiario de los programas sociales.

Fernández Noroña ha estado en el centro del huracán político, por tres cuestiones en los últimos días:

1. Por sus provocaciones hacia mujeres, como con la también senadora pero del PAN, Lilly Téllez, a quien ha alzado la voz cuando ella le exige rendición de cuentas y transparencia; y con la periodista Azucena Uresti, a quien el político pretendió “exhibir” en redes sociales colgando una imagen de la comunicadora y asegurando que residía en un complejo departamental, vulnerando su seguridad, siendo ella una periodista y no miembro de la clase política o de gobierno.

2. Además, por el estilo de vida de un hombre adinerado que ya ostenta Fernández Noroña, otrora representante de la clase trabajadora, residente de una vecindad en el centro de la Ciudad de México, y que hoy posee una casa con valor de 12 millones de pesos en el paradisiaco Tepoztlán, Morelos -según reveló Emeequis- y viaja en la sección de primera clase en los aviones comerciales, cuando antes solía criticar ese tipo de comodidades en la clase política gobernante cuando él era oposición.

3. Y por último, por el enfrentamiento que sostuvo con el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, Alejandro Moreno Cárdenas, Alito, que terminó a golpes en la Tribuna de la Cámara de Senadores el miércoles 27 de agosto, al cierre de una sesión de la Cámara Alta.

Gerardo Fernández Noroña representa todo aquello de lo que se quejó y denunció. Es evidente que, en la transición de ser oposición a estar en el poder, se perdieron muchas formas, y llegaron los billetes, por montones. No es delito aspirar a una mejor residencia, un coche, otra calidad de vida, como lo ha experimentado el político morenista, siempre y cuando le alcance lícita y transparentemente con sus ingresos, lo que está por verse. Sin embargo, sí es una incongruencia ideológica cuando el discurso que lo llevó al poder exaltaba la sencillez, la austeridad y la simplicidad en el ejercicio de la vida personal estando en funciones.

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