Por Adela Navarro Bello
Para atacar, contener o desmantelar las redes de distribución y cerrar los flujos económicos criminales que mantienen a los cárteles de las drogas mexicanos, el Gobierno de los Estados Unidos no tiene, en estricto sentido, que intervenir tierras aztecas, son sus fuerzas de seguridad. Podría empezar, como lo ha hecho aun a cuenta gotas, por detectar las redes de distribución de estupefacientes, las de lavado de dinero y la venta de armas, que están radicadas en su territorio.
Los cárteles son binacionales. La droga, incluido el fentanilo, que se trasiega de México hacia los Estados Unidos, no se distribuye en aquel país por arte de magia, ni los criminales mexicanos son ubicuos como para estar presentes en todo momento en distintas partes. La realidad es que los cárteles mexicanos tienen sus contrapartes en los Estados Unidos, sean estas estructuras criminales formalizadas con ciudadanos norteamericanos, o integradas con nacionales emigrados a aquella región de América.
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