Por Adela Navarro Bello
El 30 de agosto de 2024, en un lugar de Zona Río en Tijuana, fue detenido un criminal en flagrancia. Entre otras cosas le encontraron billetes. Muchos billetes. El mismo aprehendido, sin medida, confesó el destino del efectivo: “Iba a entregar dinero a uno de la Guardia Nacional”.
Al modo de la autoridad investigadora de Baja California, no hubo más cuestionamientos. Ni siquiera indagaron el nombre del Guardia Nacional que recibiría el dinero, tampoco el motivo de la entrega, menos el lugar donde se encontrarían.
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