Por Adela Navarro Bello 

La imagen es terrible. Una desordenada cama, con las cobijas descubriendo un pequeño cuerpo. En un hogar humilde, mientras dormía, un niño de 14 años encontró la muerte. Su cuerpo fue impactado por disparos de arma de fuego. A un lado de la cama, de costado, yace su padre, también asesinado a balazos.

Sucedió a la una de la madrugada del jueves 5 de marzo en Tecate, Baja California, pueblo cuyo destino es más trágico que mágico, porque el Cártel Jalisco Nueva Generación, a fuerza de sangre y plomo, lo ha hecho suyo.

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