Por Amy L. Glover Drake

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Cuando hice la maestría en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins University, tomé un seminario sobre el Medio Oriente. Éramos nada más 12 estudiantes y fui una de tres mujeres. En la primera clase, nuestro profesor turco nos preguntó: “¿Cuál es la definición de la política?” y procedió a explicar que la política es el ejercicio del poder. Y “¿Qué es el poder?” El poder es la capacidad de obligar a alguien a hacer algo que no necesariamente quiere hacer.

A lo largo de los años he pensado mucho en estas definiciones y, hoy en día, ante el desmoronamiento de las estructuras del multilateralismo como política explícita del gobierno de Donald Trump, vemos cómo el poder crudo se establece como el nuevo modus operandi, junto con movimientos reaccionarios que reprimen los derechos humanos y la diversidad de pensamiento.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.