Por Ana Cecilia Pérez 

Durante años construimos una vida conectada sin construir, al mismo tiempo, una cultura de protección. Trabajamos, pagamos, estudiamos, compartimos, confiamos… pero sin desarrollar las capacidades institucionales, educativas y sociales que sostienen esa nueva vida.

El resultado es visible: fallas en servicios públicos, filtraciones masivas, interrupciones en hospitales, extorsiones, fraudes crecientes y ataques que afectan a empresas grandes y pequeñas.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.