Por Ana Cecilia Pérez 

Durante semanas, el debate sobre el registro de líneas celulares en México se ha resumido en una pregunta: ¿estamos a favor o en contra? Pero esa pregunta omite lo esencial: no se está discutiendo el costo y el riesgo de centralizar información sensible a gran escala.

El registro tiene un objetivo legítimo: reducir delitos cometidos con líneas anónimas —fraudes, extorsiones, suplantación de identidad—. Ese beneficio es real. El problema es que, en seguridad, la intención no basta: lo que importa es el diseño y la implementación.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.