Por Areli Paz 
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Reforma Electoral: Oportunidad de modificar a modo la ley para garantizar triunfos para el régimen. 

Democracia: Ha sido altamente herida y espera en una cama, tiene oxígeno y un registro bajo de signos vitales

Prospectiva: Capacidad de cruzar datos, historias, análisis y planificar escenarios de triunfo o derrota. 

Febrero será clave. Ya nos dijo la presidenta que estará lista su Reforma Electoral. 

No hay nada formal en la mesa. Sólo ruido fomentado desde el poder y dudas legítimas lanzadas desde la oposición.

Dudas desde una sociedad que no entiende la magnitud de lo que podría pasar. 

Los destellos lanzados desde el poder no pintan bien. Aunque la presidenta ría nerviosa repitiendo que “será una buena reforma y que nos va a gustar”.

Hoy, si esa reforma fuera un platillo sería un mole a punto de agriarse.  

Si fuera una bebida, sería un atole a punto de cortarse. 

Si fuera un aroma, sería un trapo húmedo antes de oler a “shoki”.  

Si fuera un sonido, sería una alerta de huracán.

Si fuera un auto viejo, sería ese que avanza, frena, pero hace ruidos raros.

Es decir, formalmente no se ha presentado, pero en el camino los morenistas y la propia presidenta han dejado claro que lo importante es mantener el poder en manos “el pueblo bueno” con su gobierno bueno.

Es verdad que se necesitan ajustes para el ejercicio electoral. 

Lo óptimo, en un mundo ideal, sería una reforma electoral pensada para fortalecer la democracia y no para ganar la siguiente elección. Pareciera que en la mente de los políticos sólo está el 2027 y el 2030, cuando la política pública tendría que planificar la solidez de nuestra democracia. 

Una reforma que blinde al árbitro, no que lo ponga a jugar con la camiseta de Morena debajo del saco. Un sistema electoral en donde el INE sea tan autónomo, como incómodo. Donde su proceder moleste a todos y los deje conformes con el resultado, que genere confianza.

Fortalecer la fiscalización, saber cuánto, cómo , de dónde y para qué se usa el dinero, un pormenorizado extremo, eso  que nos permita vigilar que no haya dinero o mano del crimen. 

Candados para que el crimen no meta las manos, castigos para quienes lo intenten, exhibición pública para los condescendientes. 

Voto electrónico, bases de datos impenetrables, más observadores internacionales. 

Fiscalización a partidos, peso por peso, plataformas públicas que todos los días podamos verificar como ciudadanos. 

Espacios para la participación ciudadana y la conformación de asociaciones políticas emanadas desde la sociedad. 

En el mundo, Noruega es reconocido como el país con la mejor democracia y mucho de su éxito es la participación política,  la confianza ciudadana en sus instituciones y la transparencia en la rendición de cuentas. 

Noruega logra  una combinación en donde los ciudadanos sí se asumen como responsables de mantener bien a un país. No los andan persiguiendo, ni presionando, ellos solitos deciden participar. 

El gobierno  pone por encima de todo la honestidad y la transparencia en el uso del dinero público. 

Claro la proporción territorial, poblacional y política dista mucho de lo que es México. De la complejidad y de lo difícil que es romper esa barrera en la que la gente desencantada no quiere saber nada de política y menos de elecciones. 

En donde los beneficiarios de los recursos públicos aplauden lo que sea para mantener el poder. 

En cuanto esté presentada, es muy importante que la Reforma Electoral sea un tema de conversación en las escuelas, universidades, en los cafés, restaurantes y medios de comunicación. Hay que ser responsables de un país que necesita certidumbre y defensa de la democracia, la poca que parece nos queda. 

El semáforo está en amarillo.

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@AreliPaz

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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