Por Ariadna Camacho Contreras*
La ética es fácil de entender en el discurso, lo difícil es sostenerla cuando hacerlo implica incomodar, renunciar a una ventaja o contrariar a quienes forman parte de algún círculo de intereses.
En la vida pública una de las pruebas más importantes es decidir qué hacer cuando lo correcto deja de ser conveniente. Porque el ejercicio del poder, en el caso de las personas servidoras públicas, no solo pone a prueba la capacidad de tomar decisiones, sino también la disposición que tiene cada persona para no subordinar sus principios a sus intereses.