Por Carmen Rosillo*
Hace algunos meses empecé a hacer un ejercicio que parecía bastante sencillo: decir que no. Poner límites, elegir mejor en qué sí estar y en qué no. Pero mientras lo hacía entendí que, al menos para mí, el ejercicio no era realmente aprender a decir que no. Era algo bastante más difícil: decidir a qué quiero empezar a decir que sí.
Tengo 36 años y llevo varios construyendo una empresa que amo, que me ha exigido muchísimo y me ha dado oportunidades que nunca imaginé. Durante mucho tiempo mi manera de crecer fue bastante sencilla: decir que sí a casi todo. Sí a resolver, sí a meterme, sí a estar disponible, sí a entender el detalle, sí a levantar la mano y sí a tratar de que las cosas sucedieran.
Y creo que todos esos “sí” me trajeron hasta aquí. Pero también estoy entendiendo que probablemente no son los mismos que me van a llevar al siguiente lugar.
Porque decir que no no se trata solamente de hacer menos. Se trata de hacer espacio. Y últimamente me he preguntado mucho: ¿espacio para qué? ¿A qué quiero decir que sí ahora? Qué quiero construir en los próximos años, qué tipo de líder quiero ser, dónde quiero poner mi tiempo, qué conversaciones quiero tener y qué quiero aprender. Sobre todo, qué oportunidades quiero dejar de ver como cosas que “algún día” podría hacer y empezar a ver como espacios que ya puedo ocupar.
Hace poco viví algo que hizo esta pregunta mucho más tangible: fui seleccionada como Emprendedora Endeavor. Es un proceso muy exigente, con entrevistas y paneles nacionales e internacionales, y en mi panel fui además la única mujer del grupo y además seleccionada.
Obviamente fue una alegría enorme, pero sobre todo me hizo pensar.
Durante años no trabajé buscando reconocimientos o pensando en convertirme en un ejemplo para alguien. Lo que siempre me impulsó fue salir adelante y demostrarme que sí podía. Que aunque desde niña hubo momentos en los que me dijeron que ciertas cosas no eran para mí, o que mi lugar era otro, yo podía cuestionarlo. Siempre he tenido algo de cuestionar esas supuestas verdades universales y preguntarme: ¿por qué tiene que ser así?
Y de pronto estaba ahí. No “preparándome para estar”. Ahí. Sentada en un panel internacional, hablando de la empresa que hemos construido, de nuestros errores, nuestra ambición y de lo que queremos transformar.
Creo que ese momento me hizo entender algo: durante muchos años mi “sí” había sido hacia adentro. Sí a trabajar, sí a construir, sí a demostrarme que podía. Ahora empezaban a aparecer otros “sí”: sí a levantar la mirada, sí a compartir lo que he aprendido, sí a sentarme en mesas que antes veía lejanas, sí a ocupar espacios nuevos.
Y eso también da miedo.
Porque muchas veces esperamos sentirnos completamente listas antes de decir que sí a una oportunidad. Yo lo hago muchísimo. Me pregunto si sé suficiente, si realmente tengo algo valioso que aportar o si no habrá alguien mejor. Probablemente esas preguntas no van a desaparecer nunca. Lo que sí puede cambiar es cuánto poder les doy.
Nadie va a llegar a decirme: “Carmen, ya estás lista para ocupar este lugar”. Hay lugares a los que una tiene que decidir decirles que sí antes de sentirse completamente preparada.
Creo que justo estoy en ese momento. No siento que ya llegué, ni cerca. Pero sí estoy mucho más consciente de que quiero aprovechar lo que estoy viviendo: las personas que estoy conociendo, la empresa que estamos construyendo, lo que he aprendido, mis errores y la posibilidad de compartir más mi voz.
Esta columna es uno de esos “sí”. Hace algunos años probablemente habría pensado que no tenía suficiente que decir para escribir aquí. Hoy pienso distinto. No porque crea que tengo todas las respuestas, sino porque tengo preguntas interesantes y experiencias que quizá vale la pena compartir mientras las sigo entendiendo.
También estoy empezando a decirle que sí a algo que antes me daba un poco más de pena reconocer: soy ambiciosa. Quiero construir cosas grandes. Quiero que Koltin sea una empresa legendaria y que transforme de verdad la forma en la que envejecemos en México. Pero mi ambición ya no termina ahí. También quiero conocer y apoyar a más mujeres, estar en más espacios de decisión, construir relaciones que me reten y poder abrir puertas para otras y otros.
Y para poder decirle que sí a todo eso, necesariamente voy a tener que decir que no a otras cosas.
No a reuniones en las que no necesito estar. No a problemas que alguien más puede resolver. No a querer enterarme de absolutamente todo. No a pensar que para ser valiosa tengo que cargar personalmente con cada cosa.
Pero incluso esos “no” esconden otros “sí”: sí a confiar más, sí a darle espacio a otras personas para decidir, sí a aceptar que alguien puede hacerlo diferente a mí y hacerlo muy bien. Sí a que otras personas también crezcan.
Quizá eso es lo que más estoy entendiendo de este ejercicio. Elegir tus “no” no achica tu mundo. Cuando los eliges bien, hacen espacio para “sí” mucho más grandes.
Tal vez de eso se trata esta etapa para mí. No de demostrar que merezco estar aquí, sino de decidir conscientemente a qué quiero decir que sí ahora que estoy aquí.
Mi nombre es Carmen y me estoy preparando para el lugar que me toca ocupar. Aunque, siendo muy sincera, también estoy entendiendo que ese lugar no aparece solo: hay que construirlo, decirle que sí y luego atreverse a ocuparlo.
*Cofundadora y COO de Koltin, una empresa que está redefiniendo la forma en que las personas mayores acceden a la salud mediante un modelo que integra tecnología, atención médica y seguros.
Durante más de 10 años ha construido y escalado startups, liderando operaciones, producto, experiencia del cliente y equipos multidisciplinarios. Su especialidad es convertir la estrategia en ejecución, diseñando organizaciones capaces de crecer con excelencia operativa, sin perder velocidad ni calidad.
Ha trabajado en la intersección entre tecnología, operaciones y diseño de servicios, construyendo productos y procesos centrados en las personas. Convencida de que la ventaja competitiva de una empresa no solo está en su producto, sino en su capacidad para ejecutarlo de manera consistente y ofrecer una experiencia excepcional en cada interacción.
Como líder, su enfoque está en construir equipos de alto desempeño, desarrollar una cultura de responsabilidad, equidad de las minorías, colaboración, y diseñar sistemas que permitan escalar de forma sostenible con la convicción de que las mejores organizaciones son aquellas que alinean estrategia, cultura y ejecución para generar un impacto duradero.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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