Por Claudia E. de Buen Unna
Abogada, soy Mónica y me quiero divorciar… creo.
Viene acompañada de Sofía, su hermana.
La abogada las recibe con un café, comentan sobre el clima, el tráfico y busca que Mónica se sienta bien en ese espacio que seguramente le es difícil; la nota muy nerviosa.
—¿Y por qué te quieres divorciar, Mónica? —Pues ya no soy feliz y creo que él tampoco quiere seguir conmigo, pero no quiere hablar del tema. Me trata mal y a mis hijos ni los pela. Me separó de mi familia, aunque claro que los veo a escondidas… ¿verdad, Sofi?
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