Por Claudia Pérez Atamoros
A Venezuela no le quitaron la bota. Le cambiaron la suela.
Y mientras el mundo grita, la pisada se perfecciona.
El escándalo internacional es real. Las protestas también. Hay condenas, pronunciamientos, dedos acusadores y micrófonos encendidos. Nadie puede decir que esto pasó en silencio. Pero el poder —cuando es viejo, cínico y bien entrenado— sabe esperar a que el ruido haga su trabajo: distraer.
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