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Por Daniella Blejer

Tuve la suerte de visitar el estudio del escultor, Rodrigo Garagarza (Ciudad de México, 1971), quien trabajó un tiempo como museógrafo y muchos años más como arquitecto. El estudio es una suerte de laboratorio donde te puedes acercar a los procesos del artista y ver cómo ensaya la forma entre objetos personales, bocetos, dibujos, modelos, planos y prototipos (fig.1). Mientras me presenta sus creaciones, comenta que desde muy pequeño le gustaba jugar con volúmenes y construir maquetas. Sus padres y abuelos, involucrados en el arte y la arquitectura, supieron reconocer su talento y lo alentaron a perseguir sus intereses.

Fig.1 Rodrigo Garagarza en su estudio. Foto de Pepe Molina para AD25.

Garagarza mantiene hasta la fecha esa capacidad de divertirse que tuvo desde niño. Comparte con otros escultores que admira, como Alexander Calder y Sebastián, o el diseñador de modas, Issey Miyake, dicho espíritu lúdico. En su trabajo el juego ocupa un lugar fundamental, no solo por utilizar el juguete popular ––la matatena y el trompo–– como forma y estructura (fig. 2 y 3), sino por la notable búsqueda y exploración de los límites entre lo geométrico y lo orgánico, la tensión y la compresión, lo estable y lo móvil, lo sólido y lo transparente. De ahí la constante reinvención de la forma con distintos materiales, acabados y estructuras.

Fig.2 Matatena de puntas, placa de acero.
Fig.3 Trompo de madera.

Las esculturas mantienen un diálogo con la arquitectura mexicana. En ellas hay un eco y un homenaje a la diversidad y fusión arquitectónica del país: la herencia prehispánica, colonial y moderna que puede verse en obras de Luis Barragán, Agustín Hernández, Teodoro González de León o Javier Sordo Madaleno. La elección deliberada de materiales por el artista ––como madera, placas de hierro, mármol y elementos translúcidos–– así como el volumen monumental, los colores vibrantes, el énfasis en los acabados y texturas, la integración con el paisaje, y el juguete popular como punto de partida, expresan la cultura mexicana y sus tradiciones (fig.4 y 5). 

Fig.4 Matatena de flores, placa de acero.
Fig.5 Matatena de puntas, placa de acero, 6m de alto.

A este escultor le interesa el efecto del paso del tiempo y los cambios atmosféricos en los materiales de sus obras, como la pátina que va adquiriendo el metal y que agrega un valor estético a la pieza (fig.6). Las transformaciones ocurren de distintos modos, de pronto, de una estructura racional y estable pueden brotar pistilos, flores y hojas ocasionando la tensión entre el mundo geométrico y la botánica (fig.7). 

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