Por Dayana Aronovich*
La industria del deporte está viviendo un punto de quiebre. No se trata de una promesa a futuro, es una realidad ocurriendo frente a nosotros. La industria del deporte atraviesa uno de los giros más profundos de su historia reciente: dejó de diseñar solo para el rendimiento y comenzó —por fin— a diseñar para la vida real.
Durante décadas, el equipamiento deportivo se construyó desde una lógica aspiracional: cuerpos ideales, entrenamientos extremos, tecnología compleja y consumo acelerado. Ese modelo está agotado. Hoy, el consumidor global —más informado, más consciente y más exigente— busca algo distinto: funcionalidad honesta, diseño inteligente y productos que acompañen su ritmo de vida, no que lo dicten.
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