Por Diana Murrieta*
Es domingo, son las dos de la mañana y una mujer huye de su casa con lo puesto. Acaba de vivir una agresión que no fue la primera, pero sí la más peligrosa. La ley dice que puede recibir una orden de protección inmediata. La pregunta es otra: ¿hay algún juez dispuesto —y capacitado— para otorgarla en ese momento?
En los últimos meses, distintas entidades han anunciado con entusiasmo la creación de juzgados “24/7” especializados en violencia de género. El mensaje es poderoso: justicia que no duerme, instituciones que responden cuando el riesgo es mayor. En un país donde la violencia contra las mujeres no tiene horario, la idea parece no solo lógica, sino urgente. Pero como suele ocurrir en materia de acceso a la justicia, el problema no es lo que se promete, sino lo que realmente se cumple.
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