Por Diana Murrieta*
“Cuando no pueden tocarte, usan lo que más amas para destruirte.”
Así opera la violencia vicaria. No es un conflicto familiar ni una disputa por la custodia: es una forma extrema de violencia de género en la que un agresor utiliza a hijas, hijos o personas significativas para dañar, controlar y castigar a una mujer. Nombrarla en la ley fue un paso indispensable para hacer visible una violencia que durante años fue negada, minimizada o tratada como un asunto privado.
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