Por Diana Murrieta*
La reinauguración del nuevo Estadio Banorte fue, sin duda, un evento pensado para celebrar. Un espacio nuevo, imponente, diseñado para reunir a miles de personas bajo una misma emoción: el fútbol. Ese lenguaje común que, en México, tiene la capacidad de borrar por un momento las diferencias, de hacernos gritar al mismo tiempo, de hacernos sentir parte de algo más grande. Porque el fútbol sí nos une.
Nos une en la euforia, en la esperanza, en la identidad. Nos permite reconocernos en el otro sin importar de dónde viene o qué historia carga. Durante noventa minutos, el país parece sincronizarse en una sola narrativa: la del juego.
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