Por Paz Austin
Durante siglos, la narrativa del vino se escribió en masculino. Las mujeres aparecíamos en los márgenes, a menudo bajo la figura romántica y resignada de "la viuda de", como si el liderazgo fuera una herencia accidental y no una capacidad propia. Hoy, esa historia ha dado un vuelco definitivo. Ya no estamos solo habitando los espacios; estamos rediseñando las reglas de una industria que, finalmente, ha dejado de ser un club exclusivo.
La figura de Carol Duval-Leroy es el punto de partida obligado para entender esta transformación. Su historia es una de las más potentes de la vitivinicultura moderna. En 1991, a los 36 años, Carol quedó viuda con tres hijos pequeños y una de las casas de Champagne más importantes del mundo sobre sus hombros. En un entorno profundamente conservador, nacionalista y masculino, Carol era una doble "intrusa": era mujer y era belga.
Su valentía no radicó solo en mantener a flote la empresa familiar, sino en la audacia con la que se colocó como presidenta de la l'Association Viticole Champenoise, un organismo conservador en su esencia y en su mesa directiva. Rompió paradigmas al no aceptar el rol de figura decorativa; se hizo de un nombre propio imponiendo una gestión técnica impecable, siendo pionera en sostenibilidad y logrando que su casa fuera la primera en obtener certificaciones internacionales de calidad (ISO). Carol no solo sacó a sus tres hijos adelante; les entregó una empresa moderna, independiente y posicionada en las mejores mesas del mundo, demostrando que el liderazgo no entiende de pasaportes, sino de visión y carácter.
Esa grieta que Carol abrió en el techo de cristal europeo ha permitido que hoy miremos hacia la cúpula global y veamos figuras como Yvette van der Merwe. Desde 2024, esta brillante académica de Sudáfrica preside la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) y ocupa cargos de altísima relevancia en su país como Directora General del South African Wine Industry and Systems (SAWIS), encargándose de la administración del sistema Wine of Origin. Su ascenso no es fortuito; representa la llegada del rigor científico, la digitalización y la estrategia del "Nuevo Mundo" a la gobernanza mundial del vino. Yvette es la prueba de que las mujeres hoy dictamos el rumbo técnico y económico de lo que se bebe en los cinco continentes.
En nuestro país, la realidad está vibrando con una energía colectiva sin precedentes. Aunque las cifras nos indican que apenas el 35% de los puestos directivos o de toma de decisiones en el sector están ocupados por mujeres, la respuesta no ha sido la queja, sino la coordinación a través de la organización que persigue el bien común.
Las mujeres del vino en México hemos llegado como "intrusas" para construir los cimientos de un sector aún joven. Quizá lo seamos, pero poco a poco somos más dueñas, más directoras y más presidentas. Hemos entendido que la herramienta más poderosa es el trabajo en conjunto. A través de la asociación Mujeres in Taninos, casi 120 profesionales —que abarcan desde la viticultura y la enología hasta la “sommeliería”, la comercialización y la educación— estamos cambiando el rostro del sector.
Este organismo, que existe desde 2020, fue fundado con una visión internacional y un perfil que refleja la diversidad de nuestra participación: la enóloga argentina Agostina Astegiano, la comercializadora colombiana apasionada del vino mexicano Bibiana Parra, y la sommelier y comunicadora Jo Vallejo. Ellas son las responsables de haber cimentado esta red que hoy nos proyecta. Tres completas Intrusas.
Ya no somos esfuerzos aislados; somos una red nacional que suma talentos para profesionalizar cada eslabón de la cadena. Estamos demostrando que cuando una mujer avanza, abre la puerta para que diez más lo hagan.
Desde la mística y resiliencia de Carol en Champagne, pasando por la visión estratégica de Yvette en la OIV, hasta el vigor de cada una de las integrantes de Mujeres in Taninos, el mensaje es contundente: el vino ya no es solo cuestión de linaje, sino de capacidad. El futuro de nuestra industria en México ya no solo se sirve en copas; se decide en mesas donde las mujeres tenemos voz, voto y, sobre todo, una red que nos sostiene.
Un mensaje personal con admiración a tu audacia: Sigue de pie, Lulú; queremos que llegues a donde tienes que llegar, no eres una intrusa.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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