Por Edelmira Cárdenas
Durante mucho tiempo nos han dicho que el éxito de una relación está en conocerse por completo. Saber qué le gusta, qué no, qué espera, cómo piensa, qué le excita y qué le apaga. Como si el amor fuera una lista que, una vez completada, garantizara estabilidad, conexión y deseo permanente. Como si fueran mapas que ya recorriste, que ya no te interesa explorar o en los que crees que no hay nada más allá de lo que te muestra Google Maps. Y sí, conocer importa. Mucho. Pero hay una trampa silenciosa en creer que ya no hay nada más por descubrir.
Porque el problema no es conocer al otro. El problema es dar por terminado el conocimiento.
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