Por Edelmira Cárdenas

En un mundo que aplaude la independencia y la fortaleza, muchas mujeres han aprendido a enfrentar la vida con una valentía inquebrantable. Criadas en un entorno que les enseñó a no depender de nadie, muchas han llegado a ser figuras de poder y resiliencia en todos los aspectos de sus vidas. Sin embargo, esta fortaleza a menudo trae consigo una paradoja inesperada: la tendencia a amar a parejas que parecen incapaces de sostener el mismo peso.

Desde una edad temprana, muchas mujeres son socializadas para ser autosuficientes, con la idea de que pedir ayuda es un signo de debilidad. Este mensaje, aunque bien intencionado, puede crear una barrera que impide la vulnerabilidad y el intercambio emocional en las relaciones. La mujer que puede con todo se convierte en el pilar de su entorno, pero esta misma fortaleza puede atraer a compañeros que dependen de su fuerza para sostenerse.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.