Por Edelmira Cárdenas

Celebrar el amor que se construye sin perderse a una misma

Cada año, el Día del Amor viene cargado de rosas, promesas eternas y declaraciones que parecen salidas de una película romántica. Todo es grande, intenso, desbordado… como si el amor verdadero tuviera que ser espectacular desde el primer momento. Pero hay otro tipo de amor. Más silencioso. Más real. Más humano. Un amor que no llega terminado, sino en proceso. Un amor que no presume certezas, sino curiosidad. Un amor chiquito… acabado de nacer.

Y quizá ese sea el que más vale la pena celebrar.

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