Por Edelmira Cárdenas
Hace unos días llegó a mi espacio de asesoría una pareja que tomó la decisión de divorciarse. El tema principal, como ella lo dijo: “emociones negativas, casi odio”. Él sonrió, sarcástico, y respondió: “hacemos el amor, pero no las paces”. Tal pareciera que lo no dicho (por ambos) también toca el cuerpo.
El mundo de la intimidad es complejo y está lleno de emociones profundas que pueden fortalecer o debilitar una relación. Uno de los enemigos más insidiosos en este ámbito es el resentimiento. Con frecuencia, el resentimiento se infiltra lentamente en la vivencia sexual, causando un daño significativo tanto a nivel individual como en la relación de pareja. La falta de superación de emociones no trabajadas, malestares no expresados y una comunicación carente pueden dar lugar a emociones negativas, afectando la conexión con la energía sexual y el placer.
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