Por Edmée Pardo
Otra vez estoy en un campo de golf. Me explicaron, y creí, que el golf nació entre pastores escoceses que, mientras cuidaban a sus rebaños, se entretenían golpeando piedras envueltas en lana con sus cayados para hacerlas entrar en los agujeros que encontraban en el terreno. Y esa imagen pude verla claramente en mi cabeza, aunque no tenga fundamento histórico. También dicen que un campo tiene dieciocho hoyos porque dieciocho eran los tragos que podían sacarse de una botella de whisky: un trago por hoyo y, que cuando se acababa la botella se acababa el juego. Y como el trago acompaña el juego desde la salida al campo, me pareció posible. También me explicaron, y volví a creer, que la palabra GOLF se acuñó desde el inicio del juego como el acrónimo de Gentelman only, Ladies Forbiden (solo para caballeros, prohibidas las damas), pero eso fue inventado muchos años después de que el juego fuera popular para mantenerlo lo más alejado de participantes femeninas. Ingenua de mí.
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