Por María Emilia Molina de la Puente*
El 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión -otra vez- en la historia de la República Islámica de Irán. En esa fecha, manifestantes que días antes habían alzado su voz en un movimiento surgido el 28 de diciembre de 2025 volvieron a enfrentarse a las fuerzas del Estado con un gesto que hoy ha vuelto a volverse masivo y simbólico: descubrir sus cuerpos, quitarse el hiyab y desafiar con valentía a un régimen que los ha convertido en objetos de control político y moral.
Las protestas que hoy recorren ciudades, bazares, barrios y barrios obreros, no comenzaron originalmente como un levantamiento feminista, sino como una respuesta al colapso económico, la depreciación de la moneda nacional y la frustración acumulada por décadas de injusticias estructurales. Sin embargo, en menos de dos semanas ese descontento social se transformó en un auténtico movimiento de resistencia civil que, como ya ocurrió con el grito internacional “Mujer, Vida, Libertad” en 2022, posiciona a las mujeres como protagonistas centrales de la exigencia por dignidad, derechos y libertad.
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