Por María Emilia Molina de la Puente*
Cada año, cuando se acerca el 8 de marzo, ocurre algo que ya se ha vuelto parte del paisaje político mexicano: el gobierno coloca vallas metálicas alrededor de Palacio Nacional. Las estructuras aparecen días antes de la marcha del Día Internacional de la Mujer y cercan el corazón simbólico del poder político en México.
La explicación oficial es siempre la misma. Se trata —dicen— de una medida preventiva para evitar confrontaciones y proteger el edificio histórico durante las manifestaciones. Este año no fue distinto. Diversos medios reportaron nuevamente la instalación de vallas alrededor del recinto presidencial antes de la movilización feminista.
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