Por Farah Ayanegui*

En 2026, la espiritualidad ya no promete iluminación, sino bienestar emocional y presencia.

Durante años, la espiritualidad se asoció con la idea de “vibrar alto”: pensar positivo, elevar la energía, evitar lo incómodo. En 2026, esa narrativa empieza a quedarse corta. Cada vez más personas se acercan a la espiritualidad no para escapar de lo que sienten, sino para regularse, conocerse y vivir su vida con mayor bienestar.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.