Por Frida Mendoza
Un mal hábito, pienso, es que solo cuando tienes visitas en casa es cuando más te luces ordenando todo. Nada de barriditas superficiales, nada de “luego muevo los muebles”, nada. Cuando llegan tus visitas quieres pasar un buen momento y entonces el aseo y todo se potencia.
Lo más curioso es que ellxs nunca sabrán cuantas horas extra dedicaste, simplemente llegarán a un lugar acogedor y si no conocen tu casa tal vez digan eso, qué acogedor. Y obviamente, si te gusta como a mí ser una buena anfitriona, será un comentario satisfactorio.
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Aunque me pesa admitirlo, me ha pasado más veces de las que quisiera admitir y lo he comentado con mi pareja y sin duda es un aspecto que en casa tenemos como meta conjunta: si vamos a ordenar la casa que primero sea para disfrutarla nosotros. Claro, cuando lleguen otras personas, nos alegrará que estén a gusto, que se sientan como en casa, que la pasen bien.
Pero, ¿qué pasa cuando no estamos hablando de nuestra casa y sí de nuestra ciudad?
Desde antes que terminara el 2025, un comentario me hizo percatarme de lo que podría venir más adelante: todo nos haría pensar en el Mundial, y específicamente criticar lo que no esté bien, o querer arreglarlo solo con ese fin.
Porque vaya, escribir sobre los desafortunados comentarios o acciones de nuestrxs legisladores es común. Que si se agarraron a jalonazos en la Tribuna, si tienen propiedades millonarias que no cuadran con sus ingresos reportados o sus tuitazos pueden estar dentro de los “traspiés” habituales. Pero hay uno que no olvido.
Hace poco más de dos meses hubo una caída múltiple en la estación Ciudad Deportiva del Metro y la diputada del Congreso capitalino, Daniela Álvarez, hizo el desatinado comentario en sus redes sociales: “¿Se imaginan que los heridos hubieran sido turistas del #Mundial2026? El escándalo internacional sería monumental. La vergüenza para la ciudad, histórica”, poco después bajó el tuit aunque el mensaje ya estaba ahí. Parafraseando a Carla Escoffié: imagínate que sales herido en el Metro y alguien diga que lo más grave sería que le pasara a un extranjero.
De pronto todo es el mundial y es más grave por la imagen que tendrán y lo que podría pasarle a las visitas. Para nada por lo que viven a diario quienes ya están aquí.
Desde entonces me quería cuestionar eso, pero como siempre la vida pasó y se acumularon las cosas. Y en el ínter, he escuchado más comentarios y noticias así: : "con motivo del Mundial habrá transformación urbana integral", “con motivo del Mundial se repavimentará”, “con motivo del Mundial se restaurará X”, “con motivo del Mundial se renovará Y”... Y mágicamente las bocinas del Metro y Metrobús funcionan en algunas estaciones, en las más céntricas, sobre todo.
Pero la gota que derramó el vaso fue esta semana cuando escuché que la titular de la Secretaría de Turismo capitalina, Alejandra Frausto, socializó con los medios que se está manteniendo un diálogo con el sector empresarial para que se permita retomar el esquema de home office para disminuir aglomeraciones y caos vial en “puntos estratégicos de la ciudad”. Uf.
Diría Rafita: “estoy feliz y enojado”. Y no porque sea amargada.
No, no es que no me guste que traten de hacer obras que mejoren la movilidad. No es que no quiera que haya menos tráfico o que de pronto las escaleras eléctricas del Metro ya funcionen. No es que no quiera áreas verdes. Mucho menos se trata de que no quiera que todxs tengan la oportunidad de hacer home office si lo desean/necesitan.
¿Pero por qué solamente sucede si “vamos a tener visitas”?
¿Por qué no se reparan los baches antes?
¿Por qué tenemos que pasar tanto tiempo en una estación del Metro porque las zapatas se sobrecalentaron?
¿Por qué deben de acostumbrarse las personas en sillas de ruedas a que dos policías les ayuden a entrar al Metro?
¿Por qué en temporada de lluvias tantas personas trabajadoras tienen que triplicar sus tiempos de traslado porque las empresas no les dan el derecho de hacer home office?
Son arreglos básicos, arreglos que tendrían que estar presupuestados, etiquetados. Arreglos que no tendrían que ser mayores porque el mantenimiento es constante y no por qué recibiremos muchas más visitas de las acostumbradas. La ciudadanía debería tener el mismo derecho que todxs de poder recorrer tranquilamente sin el riesgo de tropezarse en la banqueta, caer en un bache, tener un transporte público digno y áreas verdes por todas partes.
El Mundial nos traerá muchísimo de qué hablar, más de lo que ya estamos hablando porque junto a lo “positivo” que implican las obras para restaurar, no estamos mirando con la misma urgencia el desplazamiento en muchas zonas céntricas, el aumento de la gentrificación o la limpieza social a las trabajadoras sexuales en Tlalpan. Todo eso merece columna aparte.
Si hablamos de una ciudad incluyente que nos respeta a todxs por igual, merecemos vivirla y disfrutarla por igual. Locales y visitantes.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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