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Por Frida Mendoza

Un nuevo caso de feminicidio sacudió todo. El epicentro, la Ciudad de México en Iztacalco y me parece que, lamentablemente, al mencionar la alcaldía puede saberse de qué caso estoy hablando.

Si soy sincera, cuando me enteré evité ver los primeros informes, no había que buscar mucho porque de pronto se volvió tema de conversación en redes. De pronto, palabras como “monstruo” o “Jeffrey Dahmer” eran referencias claras al tema.

Para quien tal vez no use las redes o no sepa de este caso, basta decir que la historia se conoció a partir de que la madre de la víctima de feminicidio logró escapar, un hombre, responsable de ese crimen fue detenido y posteriormente se sabría que estaba involucrado en más feminicidios… un caso terrible.

No es la primera vez que en nuestro país se detiene a un feminicida serial, tampoco es la primera vez que se le detiene por una situación que ocurrió al azar, un “golpe de suerte” para la justicia que ignoró sin más a los familiares de las víctimas que tenían meses, años desaparecidas. ¿Es justicia de verdad?

Tampoco es la primera vez que en un caso de este tipo el reflector esté en quien cometió el crimen. Que se le compare con algún asesino de ficción, con un monstruo. Pero no es así, ni es ficción, ni es un monstruo, por más “monstruoso” que nos parezca.

Todo feminicidio es monstruoso, sí, pero catalogar a algunos feminicidas como monstruos y a otros no, genera un sesgo muy complicado y efectivo para las autoridades porque parece un caso aislado, algo fuera de lo normal. ¿Pero en realidad fue un caso aislado? ¿No hay feminicidios en México, en la Ciudad de México?

Mirando las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública podemos observar que tan solo de enero a marzo de 2024 se han registrado 184 feminicidios y de estos, 18 fueron en la capital. En 2023 se registraron 830 feminicidios en el país, de los cuales 59 fueron en la Ciudad de México.

Pero, como las especialistas del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio sugieren, también debe contemplarse el homicidio doloso de mujeres pues en muchas ocasiones los delitos no son correctamente tipificados. Siendo así, la muestra sube. En los meses de enero y febrero de este 2024 se registraron 418 homicidios dolosos de mujeres, mientras que en el total de 2023 la cifra es de 2 mil 580.

Haciendo sumas rápidas, tenemos que, al menos, 4 mil 012 mujeres fueron víctimas de feminicidio u homicidio doloso en el país de enero de 2023 a marzo de 2024. Si pensamos que cada víctima tuvo un victimario distinto… ¿tenemos entonces a 4 mil 012 monstruos en el país? ¿O mejor pensamos que no se trata de hechos aislados?

Los números nos pueden marear, sí. Pero me parece que recordar estas cifras nos muestra nuevamente que no se trata de hechos aislados, de feminicidas y personas que desaparecen y asesinan porque saben que en un país rebasado por la violencia, nadie las va a buscar, nadie va a jalar el hilo hacia el feminicida -por más obvio que éste sea en algunas ocasiones- a menos que lo tengan de frente, y eso, con una posibilidad de que la sentencia no sea la más justa.

Partiendo de ese escenario de impunidad, vuelvo a apelar a la dignidad, a la dignidad que no sé cuántas veces he hablado ya en esta columna.

Escuchar a las familiares de las víctimas nos puede recordar que a ellas no les interesa saber qué carrera o profesión ejercía el asesino, si era un genio, si estaba fuera de la norma. Diría la escritora Mónica Ojeda: "Él es un hombre, no un monstruo". Porque sí, la palabra “humano” se usa generalmente para definir hechos de bondad, de respeto, pero no todos los humanos actúan así y hay muchos hechos que se realizan desde la crueldad y la falta de respeto por la vida.

Por más que haya escritores que, como en el caso de lo ocurrido hace dos años cuando Cristina Rivera Garza era premiada y le hizo un breve reclamo por no dar más detalles del asesino, Cristina respondió impecablemente: necesitamos saber de ellas y de qué se debe de hacer para que no haya ni una más. Y hacerlo dignamente, porque fueron vidas arrebatadas.

Sé muy bien que bajo la lógica de muchos medios, en este país donde el terror y la violencia son lamentablemente parte de la cotidianidad, se solicita algo que identifique a un asesino de otro, a una víctima de otra, porque los lugares y nombres ya se repiten. Pero, tal vez valdría la pena -periodísticamente hablando- pensar en qué es lo noticioso, relevante y que aporte y qué es lo que no aporta más que al morbo, a la sorpresa por estos casos.

El periodismo no se hace a ciegas, ni solitariamente. Ante la brutalidad somos muchas, muchos, muchxs quienes tenemos interés en cubrir el tema, es más, nos necesitamos porque es demasiada la información y casos para poder cubrirlos solo una persona. Y por fortuna, cada vez veo a más colegas que buscan dar luz y amplificar las voces de quienes claman justicia; también sé que cada vez hay más colegas que se capacitan y se esfuerzan por dar la mejor cobertura, por evitar compartir fotografías o detalles innecesarios. Pero necesitamos más, porque el sensacionalismo daña y mucho.

Existen leyes, reglamentos, protocolos y manuales que nos pueden ayudar. Varias veces ya he compartido el Manual urgente para la cobertura de violencia contra las mujeres y feminicidios en México realizado por las colegas y maestras en este tipo de coberturas, Lydiette Carrión, Cristina Salmerón y Karla Casillas, y lo seguiré haciendo porque dolorosamente las coberturas desafortunadas se siguen sumando.

Pienso que las fuentes de justicia y seguridad son necesarias e importantes, sobre todo en un país como el nuestro en el que las posturas oficiales revictimizan, ocultan y no investigan. Incluso, por experiencia propia, sé que esas notas pueden alertar a las familias de personas desaparecidas o alimentar mapas completos, como el de María Salguero. 

Pero nunca, nunca, olvidemos que del otro lado podemos tener familias de víctimas lidiando con el luto, la revictimización, la violencia institucional y que además tengan que abrir redes sociales o cualquier noticiero y descubran que el asesino de su hija tiene una mayor cobertura que el proceso de justicia.

Hablando desde mi lado de periodista, editora, ¿qué me gustaría saber de este caso?: A mí, lo que me gustaría saber es ¿qué pasó con los ministerios públicos que atienden las denuncias de desaparición? ¿Habrá alguna capacitación en la fiscalía? ¿Qué se hará para evitar que más desapariciones sean desatendidas? ¿Qué cambios deberán motivarse en las Fiscalías?

¿La sensibilidad y empatía desde los medios es posible? ¿Algún día le importaremos a las autoridades encargadas de buscar y ejercer justicia? En medio de esta cadena de violencia, espero y deseo que sí, porque aquí, el verdadero monstruo es la impunidad.

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@FridaMendoza_

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