Por Gabriela Gorab*
Viviendo en retrospectiva de 25 años atrás, mirar el tiempo no es un ejercicio de nostalgia sino una práctica de conciencia: entender cómo los acontecimientos que nos han atravesado colectiva y silenciosamente modelan nuestras formas de vivir, de vincularnos y de imaginar el futuro.
En psicología, revisar el pasado con distancia crítica permite integrar la experiencia y habitar mejor el presente; algo similar ocurre cuando observamos el mundo que hemos construido desde el 2000.
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