Por Graciela Rock 

Cuando denuncié públicamente el acoso y maltrato laboral que sufrí junto con muchas otras compañeras por parte de Jorge Islas en el consulado de México en Nueva York, muchos me dijeron que era valiente. Yo no me sentía valiente; me sentía asustada y cansada. Cansada de un sistema que protege a los agresores mientras castiga a quienes alzamos la voz. No anticipé que un año después estaría observando la repetición sistemática del mismo patrón.

La defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum hacia Josefa González-Blanco, a pesar de las denuncias por acoso y violencia laboral, así como los nombramientos de personas señaladas por violencia en posiciones clave, son más que casos aislados de mala conducta: evidencian una estructura institucional en la Secretaría de Relaciones Exteriores donde la violencia laboral y personal no constituye un impedimento para el ascenso profesional.

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