Por Graciela Rock
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, acaba de ofrecer la medalla de su región a Estados Unidos. Lo hizo en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump en Florida. Ahí mismo equiparó a México con una dictadura, usando el viejo recurso para deslegitimar cualquier gobierno latinoamericano que no se alinee con Washington. Una presidenta regional española haciendo política exterior ultraderechista en casa de Trump. Podría ser ridículo si no fuese un cálculo político bien armado.
Que Ayuso compare a México con Cuba dice más de su proyecto que de ambos países. México tiene, a pesar de sus complejidades y retos, elecciones competidas, alternancia, medios críticos con el gobierno, oposición ruidosa. Pero nada de eso importa cuando el objetivo es construir un enemigo ideológico útil. Cuba sirve como comodín retórico: cualquier gobierno progresista latinoamericano puede ser "una dictadura" con solo desobedecer el manual neoliberal.
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