Por Graciela Rojas
¿Cuántas veces, a lo largo de nuestra vida escolar, nos preguntamos para qué nos serviría aquello que estábamos aprendiendo? ¿Para qué memorizar una fórmula o las tablas de multiplicar? ¿Por qué resolver una ecuación? ¿En qué situación de nuestra vida necesitaríamos conocer determinados conceptos científicos?
Y, quizá, la pregunta más importante: ¿cuántas veces obtuvimos una respuesta que realmente nos convenciera ante este mar de cuestionamientos?