Por Isabel Uribe
Llevamos semanas hablando de la “nada jurídica”, el gobierno tantea y la democracia resiste. Ha transcurrido ya la primera semana de febrero y la tan anunciada Reforma Electoral no ha sido presentada ante el Congreso. A pesar de contar con una mayoría absoluta, para el partido en el gobierno cambiar el sistema de acceso al poder que nuestro país tardó décadas en construir, no ha sido fácil, mucho menos para quienes se deben a él.
La propuesta de la que todos hablan nació sin iniciativa, sin consenso, sin votos suficientes y eso, en política, se llama muerte anticipada. Ha sido un proceso lento y desgastante que la ha mermado. En diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum, lanzaba los irreductibles de esta propuesta: desaparición de listas plurinominales y de los Organismos Públicos Locales Estatales (OPLES), -para evitar la duplicidad de funciones con el INE-, la disminución de recursos para las elecciones y el financiamiento a partidos políticos. Sin embargo cada propuesta parece caer en un precipicio sin fondo
Bautizada por el PRI como “Ley Maduro” y considerada como innecesaria por los aliados del régimen: el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista, lo único cierto a día de hoy, es que todo apunta a que la reforma electoral, como se había concebido desde el poder, fenecerá antes siquiera de ver la luz.
En esta discusión, más que en ninguna otra, Morena necesita a sus aliados, sin embargo, tanto el Partido del Trabajo como el Partido Verde Ecologista de México, han sido contundentes, no serán ellos mismos quienes adquieran el puñal para hacerse harakiri.
El coordinador petista en San Lázaro Reginaldo Sandoval ha considerado innecesaria una reforma electoral, así lo dijo el 14 de enero cuando en conferencia de prensa señaló: “Si nosotros estamos en el poder, tenemos el poder Ejecutivo, tenemos el poder Legislativo, ganamos por la vía de elección el poder Judicial ¿habrá necesidad de una reforma?”.
La ruptura apenas comenzaba, y es que los aliados tampoco fueron convocados a Palacio Nacional a la primera reunión de la cúpula legislativa de Morena en el Congreso con representantes del Ejecutivo Federal, simplemente no fueron requeridos. Los partidos aliancistas fueron convocados tardíamente y tarde se comprendió que sin ellos, la reforma simplemente no va.
El discurso del senador Luís Armando Melgar se endureció, adelantó que él no votaría una reforma electoral, en entrevista para medios de circulación nacional puntualizó: “No porque seamos partidos aliados nos tenemos que someter, sino realmente tenemos que ver porque es lo que le conviene a la democracia”.
Pero no ha sido lo único que se ha desvanecido. Mientras la reforma electoral se desdibuja ¿qué papel real juega Pablo Gómez? El ex legislador ha pasado de ser operador legítimo, a ser una piedra en el zapato. Sus declaraciones sobre la autonomía del INE terminaron de aniquilar su protagonismo como constructor de consensos y ha sido la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez quien ha tomado la batuta.
El diputado Ricardo Monreal le recordó varias veces a Pablo Gómez que la reforma electoral se discutirá en el Congreso, mientras que actores como Rubén Moreira han rechazado su papel como interlocutor. Gómez Álvarez pasó de ser uno de los primeros diputados plurinominales beneficiados por la reforma política de 1977, promotor de los derechos de las minorías, a uno de los principales críticos de la autonomía institucional del órgano electoral y de lo que ha calificado como el excesivo poder de las cúpulas partidistas.
Sin conocer la luz, una iniciativa que aún es “nada”, se ha desgastado en la voz de sus propios promoventes. Todo apunta a que terminará siendo una reforma que se disfrace de “ciudadana”, que promueva la consulta popular, el reconocimiento de los derechos de personas migrantes y sus fórmulas para elegir a sus representantes.
Sin embargo, si se insiste en ello, cualquier propuesta para reducir la conformación de las Cámaras del Congreso, deberá garantizar la representación de las minorías, ya lo han advertido especialistas como José Woldenberg, una verdadera Reforma electoral debe evitar la sobrerrepresentación y la subrepresentación El gran riesgo no está en cuántos curules y escaños hay en el Legislativo, sino en quién puede ocuparlos, ya que mientras no se establezcan candados firmes para evitar que los grupos criminales accedan al poder, la democracia y el Estado de Derecho, están en preocupante riesgo.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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