Por Ivabelle Arroyo

A mí no me preocupa tanto si el gobierno mexicano envía o no petróleo a Cuba. Lo que me preocupa —y debería preocuparnos— es que no quiera explicarlo. El patrón es ya reconocible: frente a una pregunta incómoda, la presidenta Claudia Sheinbaum prefiere decir que todo es por molestar y cierra el cajón de los datos. Con doble llave.

El año pasado alguien pidió formalmente, vía transparencia, los datos sobre los envíos de petróleo a Cuba durante 2024. La solicitud estaba tan bien hecha que no podía desecharse. Leí con cuidado la respuesta publicada en la nueva Plataforma Nacional de Transparencia y no pude más que reír. Ya qué. La respuesta es el informe financiero de Pemex: 38 páginas que incluyen su desastre en ventas y sus muchos gastos —entre ellos, unos domos para hacer aeróbics en Veracruz—, pero Cuba no aparece por ningún lado. Ni envíos, ni ayuda humanitaria, ni exportaciones de hidrocarburos. Nada.

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