Por Jimena de Gortari Ludlow
Todo ocurre al mismo tiempo. En tiempo real. Lo vemos mientras transitamos el día, mientras trabajamos, mientras intentamos sostener la vida cotidiana. La violencia ya no llega como noticia: llega como flujo. Y quizá por eso se vuelve más peligrosa, porque empieza a no interrumpirnos. Porque empieza a caber en el margen de lo cotidiano sin romperlo del todo.
Y entonces me pregunto —y nos pregunto— algo que no debería ser incómodo, pero lo es: ¿de verdad invisibilizamos aquello por su lejanía geográfica? ¿Por sus creencias? ¿Por su posición política o religiosa? ¿No debería primar la humanidad?
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...