Por Jimena de Gortari Ludlow

La Plaza de la República y la ausencia de política sonora en la Ciudad de México

Un entrenamiento a las cuatro de la mañana, 80 decibeles y una burla amplificada revelan algo más profundo que un conflicto vecinal:  la normalización del ruido  como si no fuera un asunto de salud pública.

Hace unos días, la Plaza de la República dejó de ser postal urbana para convertirse en síntoma. A las cuatro de la mañana, el estruendo de un entrenamiento amplificado por micrófono despertó a quienes viven alrededor. No fue un accidente ni un sonido incidental: fue una decisión sonora en horario de descanso. Los vecinos que protestaron recibieron como respuesta un “saludo” desde el altavoz. No una disculpa. No un ajuste. Un saludo.

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