Por Jimena de Gortari Ludlow

Hay una violencia que no siempre deja huella visible.

Es vivir con el segundero incrustado en el cuerpo.

Es la presión de que todo funcione.

Es la expectativa de no fallar nunca.

Es sostener la casa, el trabajo, los afectos, la agenda, el ánimo.

La vida doméstica no es improvisación: es arquitectura invisible.

Es cálculo permanente.

Es anticipación.

Es ajustar el engranaje cuando algo se mueve apenas un milímetro.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.