Por Julima Cardona*

​​En México hablamos de seguridad como si fuera exclusivamente un asunto de patrullas, presupuestos y estrategias federales. Discutimos cifras, reformas y despliegues. Pero rara vez hablamos de lo más básico: la organización comunitaria.

La violencia no aparece de la nada. Crece donde el tejido social se rompe, donde los vecinos dejan de conocerse, donde la desconfianza reemplaza a la corresponsabilidad. Cuando la comunidad se fragmenta, el miedo se vuelve terreno fértil.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.