Por Julima Cardona*
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​​De la herida al origen: construir desde lo que nos transforma

Hay historias que comienzan cuando la vida se detiene… y todo se redefine.

La nuestra empezó en una UTI.

Dos madres. Dos ciudades. Una misma intención: sostener la vida.

Nuestras hijas fueron las primeras en encontrarse. Compartieron espacio en terapia intensiva. Fueron las primeras “roomies”, sosteniendo la vida desde el mismo lugar.

El dolor muchas veces une… y eso fue lo que nos pasó.

Desde ese instante sentí un amor especial por su hija. Rezaba por ella como si las dos fueran mías.

Su papá estaba ahí, solo, atravesando un dolor profundo… mientras su mamá esperaba poder llegar para reencontrarse con su bebé.

Y algo en mí me llevó a acercarme. No desde tener respuestas… sino desde la necesidad de acompañar. De que no estuvieran solos. De que, incluso en medio de todo, fuéramos compañía.

Fue ahí cuando él me presentó a su esposa. No en persona… sino por teléfono.

Y desde esa primera llamada, algo se sintió distinto.

Sin conocernos realmente, empezamos a acompañarnos. Desde ahí, la conexión fue tan profunda que empezamos a estar presentes de verdad. Compartimos desde lo más vulnerable, sosteniéndonos en el proceso.

Y un año después… por fin nos conocimos en persona.

Su hija, observadora y tranquila. La mía, inquieta y curiosa.

Tan distintas… y, al mismo tiempo, conectadas desde el inicio.

Las niñas se buscaban hasta por la voz. En videollamadas se reconocían. Se notaba… habían sido compañía desde el principio.

Tiempo después, la vida nos llevó a visitarlos. Y ahí, todo lo que había comenzado en la distancia… tomó forma.

Pero también ahí comenzó una nueva etapa. Más compleja. Más retadora.

El camino no fue lineal. Hubo momentos difíciles, decisiones complicadas y realidades que no siempre dependían de nosotras.

Y, aun así, decidimos sostener lo importante. Porque lo que nos unía era más grande que cualquier obstáculo.

En Oaxaca, me llevó a conocer el proceso del mezcal, su origen y el camino que existe detrás de cada botella.

Y entonces todo hizo sentido.

Porque ese camino… también era el nuestro.

El mezcal se transforma. Pasa por fuego. Se convierte en algo nuevo.

Como nosotras.

Pero también vimos otra realidad.

Mujeres que estaban ahí, trabajando la tierra, participando en el proceso, sosteniendo gran parte del camino… pero sin el reconocimiento que merecen.

Mujeres jimadoras. Mujeres maestras mezcaleras… sin el título.

Mujeres que saben, que hacen, que sostienen… pero que pocas veces son nombradas.

Ahí tomamos una decisión: no solo contar historias, sino abrir camino.

Crear algo que naciera de mujeres… para mujeres.

Y ahí comenzó un proceso que tomó años.

Años de aprender, de insistir, de abrir camino en una industria que, en muchos sentidos, sigue siendo dominada por hombres.

Años en los que avanzar implicaba hacerlo distinto. Más lento. Con más obstáculos.

Porque, sin ciertas estructuras o figuras reconocidas, muchas puertas simplemente no se abrían.

Pero no se trataba de encajar. Se trataba de sostener la intención. De hacer las cosas bien. De respetar el origen.

Y de abrir espacio para que otras mujeres también pudieran estar.

El camino no ha sido sencillo. Ha requerido paciencia, respeto y convicción.

Pero nunca lo soltamos.

Porque esto nunca ha sido solo un producto. Es —y sigue siendo— una intención.

Hoy el mezcal es reconocido en todo el mundo. Y nosotras elegimos avanzar con sentido, respetando el tiempo y el origen.

Camino de Fuego está siendo cuidado… porque hay procesos que no se aceleran, se respetan.

Porque esto no es solo mezcal. Es memoria. Es origen.

Es abrir espacio para mujeres que siempre han estado.

Y seguimos construyendo. Para ellas. Para nosotras. Para las que vienen.

Porque hay encuentros que se reconocen… y caminos que se honran.

Hoy lo tengo claro: el amor es el punto de partida de todo lo que transforma.

Y, después de caminar en fuego, aprendimos algo más: también se puede brindar por la vida.

Y cuando lo hacemos… lo hacemos por todas.

Por cada mujer que ha atravesado su propio fuego y ha decidido seguir.

Y, al final, todo esto empezó por ellas. Por nuestras niñas.

Ellas fueron el origen… y siguen siendo la razón.

Camino de Fuego es eso: honrar de dónde vienes… mientras construyes hacia dónde vas.

✍🏻
@julimacardona

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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