Por Laura Brugés

Escuchar los discursos de los dirigentes del PAN, del PRI, de MC e incluso de los nuevos esfuerzos como Somos México es entrar en una dimensión donde el diagnóstico es compartido, pero la solución parece alérgica a la lógica. Todos coinciden: hay que “luchar por México”, hay que frenar la debacle de Morena. Sin embargo, a la hora de las definiciones, nadie pone de su parte para trazar una estrategia más allá de los discursos esperanzadores; salvo el tricolor, que insiste en la necesidad de la coalición.

La palabra “coalición” parece haberse vuelto diabólica para los partidos de oposición y las nuevas agrupaciones. Entre rencores y batallas pasadas, ponerse de acuerdo con liderazgos de egos frágiles, donde cada quien jala agua para su molino para salvar el pellejo, resulta una labor titánica. Se les olvida que la realidad política no se construye con suspiros ni discursos de buena voluntad, sino con votos y, sobre todo, con aritmética básica.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.