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Por Laura Coronado Contreras

Desde las quejas de nuestras abuelas en nuestra infancia por estar atontadas viendo la “caja vacía”, hasta ahora cuando nos reímos de lo afortunadas que somos -e inteligentes- por pasar los exámenes de álgebra sin ChatGPT, los señalamientos sobre los daños ocasionados por la tecnología están latentes. Y hoy, con el llamado “brain rot”, el debate no podría ser mayor. Desde hace meses, las redes han colocado el reflector este nuevo término cuya traducción más cercana, “cerebro podrido”, hace alusión al contenido basura que consumimos diariamente. 

“No me dio tiempo de checar si era Fake pero ¿ya viste esto?” Sin duda, una frase que cada vez escuchamos con más regularidad. Incluso, muchas veces, iniciamos una conversación así para, inmediatamente, mostrar en nuestra pantalla el contenido divertido, alarmante y literalmente, increíble que llegó a nuestras manos y ojos. Lo mismo la puede decir nuestra mamá, un colega, una amiga, un vecino. Por desgracia, ante una realidad que está constantemente desafiando a la ficción, los memes, videos, comentarios y toda clase de posts circulan sin ningún filtro. Imágenes de misiles, encabezados alarmantes, frases atribuidas a alguna celebridad, fotografías de líderes políticos, caras de gatitos sorprendidos, filtros, remixes o stickers nos atrapan, saturan, desencantan y nos invitan a compartirlos. ¿Perderemos la capacidad de pensar?

La Universidad Carnegie Mellon y Microsoft realizaron recientemente un estudioThe Impact of Generative AI on Critical Thinking: Self-Reported Reductions in Cognitive Effort and Confidence Effects From a Survey of Knowledge Workers” revelando cómo nuestra memoria puede disminuir cuando utilizamos a la tecnología constantemente. ¿Estará nuestro cerebro frito?

Sin duda, perderemos algunas habilidades (nadie recuerda los números telefónicos) y ganaremos otras (soluciones inmediatas a problemas complejos) pero no podemos simplemente atacar a las innovaciones de ello. La disputa entre entretenimiento e información ha existido desde hace años y sólo estamos viendo que, no necesariamente nuestras inquietudes e intereses, se han elevado con el paso del tiempo. Por el contrario, cuando queremos pasar el rato, informarnos y tener temas de conversación seguimos con los mismos hábitos.

¿Las noticias deben ser acartonadas y aburridas? Irónicamente, los medios de comunicación tradicionales se autoproclaman como profesionales, serios y con experiencia. Sin embargo, muchos de ellos, durante años se alejaron de las verdaderas preocupaciones de su público. De ahí, el encanto por ver la recomendación de una película por un creador de contenido a quien no se le pagó por la reseña en Instagram o que no obtendrá pases gratis -en teoría- ya que nada lo ata a no decir la verdad o cumplir con una línea editorial. Lo mismo sucede con youtubers viajeros, los tiktoks foodies, los tuits políticos y un larguísimo etcétera. Información práctica y digerible.

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