Por Laura Coronado Contreras
Kate Winslet, hablando sobre envejecer naturalmente. Reease Witherspoon sobre su camino como productora tras cansarse de batallar por guiones para mujeres. Videos que aparecen en nuestro feed al hacerse virales, pero, no dejan de ser chispazos. Son más los contenidos de las actrices “siempre jóvenes” con el uso de fillers. Sin embargo, sus voces son valientes porque muestran que la inclusión en las grandes producciones aún está lejana. En contraste, vemos -en gran medida, porque lo deseamos- que las redes sociales son diferentes. Hablamos de creadoras de contenido, podcast -con y para- mujeres, perfiles con temas más diversos. No obstante, esa visibilidad de “más voces femeninas”, en muchas de las ocasiones es sólo “estética”, literal, un maquillaje.
Hace 40 años, la ilustradora Alison Bechdel creó, a través de un cómic, una prueba para evaluar la brecha de género en cine. El test consta de tres parámetros muy sencillos cuando vemos una obra artística ya que deben aparecer: (i) al menos dos mujeres con nombre propio, (ii) que hablen entre sí y (iii) que el diálogo sea sobre un tema que no sea un hombre… ¿Sencillísimo?
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