Por Laura Coronado Contreras

¿Puede el Informe Mundial de la Felicidad 2026 irónicamente borrarnos la sonrisa a los mexicanos? Al igual que en cualquier competencia, todos queremos ocupar los mejores lugares. En el ranking, bajar 2 niveles no suena nada bien. No importa si seguimos sobresaliendo en el lugar 12 de 147 países. ¿Por qué los finlandeses, ticos o israelíes podrían sentirse mejor que nosotros? ¿A quién, sino a las redes sociales, podríamos culpar por este descenso?

Con el riesgo de sonar como frase motivacional en Instagram, la felicidad puede ser vista como un camino, un proceso, un instante. Incluso, como una sonrisa al recibir un meme, un WhatsApp con una buena noticia, mirar el recuerdo de una foto o un simple like. Y precisamente ahí es en donde reside la diferencia entre una sociedad sumamente digitalizada y otra que no sabe cómo alejarse de la realidad.  No es lo mismo comunicarnos que entretenernos. Es muy diferente usar la tecnología para aprender o sentirse incluido en una comunidad a recibir contenido por el algoritmo. Usar las redes o que ellas te usen.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.