Por Linda Atach Zaga
¡Qué extraña naturaleza tiene el conocimiento! Se aferra a la mente una vez que se ha apoderado de ella, como un liquen a una roca.
Mary Shelley, Frankenstein.
Con más de dos siglos de antigüedad, ríos de tinta, y obras de arte que cortan el aliento, la pasión romántica, llena de sombras, noche, tormentas, paisajes desbordados, monstruos, pesadillas, príncipes y princesas, sigue impactándonos y en muchos casos, rigiendo nuestro destino, ilusiones y valores.
No sé si esto se deba a la crudeza del mundo de hoy. A las guerras, a la agonía de la libertad de expresión, los horrores que viven tantas mujeres, niños y niñas, el triunfo de las dictaduras o de plano a la falta de legislación y la inexactitud que todavía tiene la IA, ocupada cada vez en más en tareas que antes ejecutaban personas de carne y hueso.
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